2012-01-04

¿FIN O MEDIO?


El partido de fútbol disputado entre la Euskal Selekzioa y Túnez, vuelve a familiarizar a dos conceptos entre si diferentes: por un lado fiesta y por otro reivindicación. Prueba de ello son algunos de los titulares recogidos por la prensa tras el partido "los agentes políticos pidieron a la sociedad que se sume en favor de las selecciones vascas", "la selección de Euskadi ha de buscar nuevas formas de reivindicarse y abandonar el folclore que la rodea", "Fiestón" la tricolor se reivindica..."

En este sentido hay de todo: quienes dan mas importancia a la fiesta que a la reivindicación, quienes le dan la misma a ambas, quienes le dan vital importancia a la reivindicación dejando en un segundo plano la fiesta y los que pasan de reivindicaciones y con la excusa del partido se pegan una buena chufla.

Todas estas pretensiones provocan una confusión evidente con respecto al objetivo perseguido. Por ello, conviene preguntarse, cual es el objetivo principal? Jugar el partido? Reivindicar la necesidad de competir oficialmente? Hacer una juerga de carácter euskaldun?  

Centrándonos en las dos primeras nos encontramos ante la disyuntiva siguiente: si el objetivo es jugar, el trabajo se termina ahí, en la demostración práctica de que estamos presentes, gracias a la preparación de uno o dos partidos atrayentes, con buen ambiente, a poder ser televisados, con buena caja y procurando que no haya incidentes.

En cambio, si el partido o los partidos son un medio para demostrar que podemos competir oficialmente y que tenemos el derecho a hacerlo, el trabajo va más allá. Es decir, la responsabilidad de los representantes del fútbol vasco se extiende más allá que la de organizar encuentros.

Y es precisamente en este punto donde se rompió la relación entre federación y jugadores. Existía y sigue existiendo un desacuerdo en torno al objetivo principal, para unos el partido es el fin y para otros el medio. También es cierto que a pesar de que entre los jugadores existe gran unanimidad en relación al objetivo, no ocurre lo mismo con los representantes federativos. 

No obstante, resulta curioso que los jugadores, a los cuales únicamente nos debería importar jugar al fútbol, fuimos los que en su día nos negamos a hacerlo. ¿Por qué? ¿Por tener más vacaciones? ¿Por no querer ser solidarios con los clubes vascos que recibirían el dinero recaudado? ¿Porque no les gustaba el nombre? ¿Por qué no cobraban por jugar? Ninguna de ellas tiene gran peso, puesto que pocas personas están más ilusionadas e interesadas en jugar, vivir y sentir lo que supone representar a su selección que sus `propios protagonistas. Por ello, el que es capaz de resignarse a dejar de un lado sus intereses individuales y pelear por los intereses colectivos, merece más respeto y menos manipulación. Quien se responsabiliza de una cuestión que a nuestro juicio no estaba debidamente trabajada por quienes representan institucionalmente al fútbol vasco, quien se centra en una apuesta clara por la oficialidad, quien lucha por convertir en realidad una demanda social, merece más consideración y menos desprecio.

Lo que intuyo que sucede es que en esta sociedad tan egoísta, cada vez entendemos menos que existan personas dispuestas a luchar por metas comunes, fijaos sino el cariz egoísta y manipulador de las respuestas al porque de la negativa: no van a tener vacaciones, no cobran, el nombre no les gusta, no quieren que el dinero se destine al fútbol vasco, etc. En lugar de responder a: no juegan porque sus representantes no pelean lo suficiente por una selección oficial, porque el nombre de la selección no representa a la procedencia de sus integrantes, porque en cada partido el público y la sociedad demuestra que quiere una selección oficial. Esas eran las verdaderas razones. 

Este razonamiento nos lleva a otra interrogante. Son los jugadores quienes tienen que pelear por la oficialidad? Sinceramente creo que sí, todos tenemos que hacerlo, cada cual en su ámbito: los jugadores en el campo, los representantes de la federación en los ámbitos federativos, los políticos en las instituciones políticas, la sociedad en la calle, los medios en los micrófonos, las cámaras y el papel...todos somos responsables para conseguirlo. Y si creemos que remamos en diferentes direcciones nos tendremos que reunir para llegar a acuerdos que satisfagan a todos/as.

A pesar de todo ello, ha sido una alegría volver a ver a nuestra selección de fútbol competir esporádicamente y además poder participar activamente en ella. Alegría doble, para unos porque se consigue el objetivo y para otros porque es la mejor vía para conseguir en un futuro la oficialidad. Tras estos años de negociaciones, es esta la única conclusión clara que he podido extraer.

Y cuál es la que extrae la sociedad? y los políticos? Y los medios? Serán los partidos el objetivo en sí? O serán una herramienta para conseguir la oficialidad? Algunos ya nos hemos pronunciado (futbolistas y federación), puede ser un gran momento para que lo hagan los demás.

Si somos capaces de identificar y consensuar el objetivo principal, así como los secundarios, tendremos claro cuál es el fin y cuáles son los medios y de esta manera todo lo que nos propongamos estará al alcance de nuestras manos. Ese es nuestro gran reto, que pragmáticos y utópicos seamos capaces de consensuar el objetivo principal.

1 comentarios:

jc dijo...
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